PARTE II:
No hay que olvidar que, durante el proceso, Luis necesitó transfusiones que, según sus padres, fueron de gran ayuda. En ese momento descubrieron el valor de la donación de sangre y que en ocasiones las reservas están en una situación delicada, momento en el que uno teme por la carencia del componente que hace falta. Lo conocieron porque lo vivieron y eso es una de las cosas que más molesta a Pedro Luis.
“Ojalá alguien nos hubiese hablado antes de la donación, porque es algo muy importante. Cuando yo iba al colegio no había un programa educativo como el que tiene ahora el Banco de Sangre, del que he de decir que es un gran proyecto. Tampoco había redes sociales. Pero ahora hay más información y me parece inconcebible que algo tan importante, algo que salva vidas, pueda faltar o estar bajo mínimos. En ocasiones pienso que ser donante no debería ser del todo voluntario, sino que deberíamos sentirlo como una obligación”, asegura.
Tanto Pedro Luis como Sabrina se hicieron donantes cuando empezó todo y aún lo siguen siendo. Luis continúa en tratamiento, aunque por ahora no ha vuelto a necesitar una transfusión, pero es susceptible a recibirla. Ellos lo tienen claro, la enfermedad de su hijo les abrió los ojos y por él se hicieron donantes, pero también por todo los demás. “Porque la sangre no se puede fabricar. En esta ocasión ha sido Luis quien ha necesitado transfusiones, pero nunca sabes si en algún momento la necesitarás tú o le hará falta a un familiar. Seguimos donando porque consideramos que es lo que debemos hacer”, cuenta. El compromiso de Pedro Luis con la donación va incluso más allá. El año pasado inicio un #Challenge en redes sociales con dos objetivos: animar a la gente a donar y reconocer la solidaridad de aquellos que ya son donantes.
El ingreso fue un cúmulo de sentimientos encontrados, pero la salida fue un día muy feliz para la familia. Luis estaba desconcertado, no terminaba de entender lo que pasaba. Esos meses en el hospital se habían convertido en su realidad. Por ese entonces, habían puesto a su padre al frente de la dirección de un hotel en Mallorca y se quedaron en la isla. “Llevarlo a casa fue uno de los mejores momentos de nuestra vida. Lo que más recuerdo es que al llegar, hicimos una pizza y luego galletas de Navidad”, cuenta con gesto alegre.
Si todo sigue yendo bien, este año terminará el tratamiento de Luis. Su familia ha tenido que cambiar muchos hábitos. La enfermedad lo requiere. A finales del año pasado comenzó a ir un poco al colegio con la intención de que empezara a adaptarse a una vida normal, “que se supone que ya puede llevar”. “Al principio estábamos algo preocupados, porque se había convertido en un niño burbuja y cualquier cosa nos asustaba. Ha mejorado, pero no podemos olvidarnos de las precauciones, como su mascarilla, pues sigue recibiendo quimioterapia”. Una recuperación y un lento regreso a la normalidad, que no habría sido posible sin el altruismo de los donantes de sangre.
🖋 Andreu Vidal Bustamante
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